2 nov. 2010

Por Alejandro Contreras

Paul (Ryan Reynolds) despierta algo desorientado. No consigue ver, apenas tiene espacio para moverse. Consigue encender su mechero y descubre que… está enterrado dentro de un ataúd de madera.

Y hasta aquí puedo leer. Una de las principales bazas de esta película es su guión, ya que no es nada fácil escribir una historia para tener a la audiencia enganchada durante hora y media donde sólo se cuenta con un personaje encerrado en una caja de madera. El responsable de este guión es el americano Chris Sparling que antes de esto solo había firmado el guión de un par de cortometrajes, pero que ha conseguido superar el reto planteado, y además poner sobre la mesa un tema bastante complejo que va a despertar las antipatías de muchos compatriotas.

Ese guión no serviría de nada si no hubiera sido dirigido de manera tan magistral por el salmantino Rodrigo Cortés. Sorprende que alguien que sólo ha dirigido 5 cortometrajes y el largometraje CONCURSANTE (2007), haya conseguido un trabajo tan sobresaliente. Y más sabiendo que la película se rodó durante sólo 17 días en Barcelona. Un trabajo técnico impecable, con una factura de gran producción que tiene financiación 100% española.

Una buena historia, bien dirigida… y encima con un actor protagonista que está espléndido. Ryan Reynolds jamás ha tenido en sus manos un papel tan interesante e intenso como éste, y conseguir mostrarse como un actor de raza como nunca se le había visto. Toda la película cae en sus hombros, y junto a él vamos viviendo sus estados de agobio, de euforia controlada, de desconsuelo y de decepción.

Sin lugar a dudas es una de las mejores películas del 2010, y espero que las Academias de cine lo sepan valorar. Cine en estado puro.

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