28 dic 2010

Por Alejandro Contreras

La vida sigue para Anthony (Raphael Barker) tras su ruptura con Stephen (Scott Cox). Él había sido la razón para irse de su pueblo natal de Virginia, donde vivía con su abuela, para empezar una nueva vida en San Francisco. Hasta entonces Stephen le había mantenido económicamente para que él pudiera dedicarse en cuerpo y alma a la escritura, así que ahora le tocaba a Anthony salir adelante por su cuenta. Compartiendo piso con una chica que apenas conoce, trabajando en un puesto de palomitas que no le motiva lo más mínimo, Anthony aprovecha sus paseos nocturnos por la ciudad para vivir todo aquello que no había hecho hasta ahora. En uno de sus paseos conoce a Gavin (Adam Perez), un chico de 17 años que se gana la vida prostituyéndose, que además de enseñar lo más oscuro de la ciudad será su única ayuda para superar los ataques de su despechado exnovio.

Scott Boswell es el responsable de la dirección y del guión de éste su primer largometraje tras unos cuantos cortometrajes. Con sucesivos saltos hacia atrás y hacia delante, todos ellos marcados con un efecto cronológico que no siempre ayuda a ordenar las escenas, se desarrolla una historia adulta y bastante profunda. A muchos recordará por la crudeza y la honestidad tan brutal que destila a SHORTBUS (2006), película en la que por cierto se dio a conocer Raphael Barker en un registro bastante distinto a éste. Inicialmente se iba a rodar como una película experimental mezclando documental y narrativa, aunque al final se desestimó para que tuviera un enfoque más tradicional. El guión se nutre de muchas vivencias del propio director, y eso se nota. Es cierto que los personajes son homosexuales pero la misma historia se podría haber contado con personajes heterosexuales, con lo cual se desliga de la producción de cine de temática gay convencional para convertirse en una película cuyos personajes son gays pero que perfectamente puede considerarse para los grandes premios de cine.

Raphael Barker apenas se veía entre el resto de personajes de SHORTBUS (2006) pero con esta película se destapa con un actor de un talento muy considerable, sin sobreactuaciones ni artificios, llevando el peso con mucha comodidad. Con pocas palabras es capaz de transmitir una gama de matices en su personaje, y os advierto que es difícil no terminar enamorándose del personaje que interpreta. Ojalá tras su buen trabajo aquí otros directores sepan aprovechar su gran capacidad interpretativa. El resto de actores tampoco le van a la zaga, desde Scott Cox que tiene el personaje más complicado de la historia, y Adam Perez que consigue mostrarnos distintas caras de una misma persona.

Con todo lo que llevo visto de la producción de temática gay de esta temporada, me atrevo a decir que THE STRANGER IN US (2010) me ha ganado por completo, tal y como en su día me ocurrió con C.R.A.Z.Y. (2005) o la propia SHORTBUS (2006). A veces cuesta encontrar la aguja entre el montón de paja, y realmente emociona encontrarse con un película de esta categoría entre lo mismo (y malo) de siempre. Realmente es muy esperanzador el trabajo de Scott Boswell y estoy deseoso de ver sus próximos trabajos. Y también los próximos proyectos de Raphael Barker.
 

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