23 dic. 2010

Por Alejandro Contreras

A pesar de tener 56 años, le siguen conociendo como Alfredito (José Burgos|Ramón Rivero). Sigue viviendo en el mismo pueblecito andaluz donde nació, y mantiene sus funciones en la parroquia. Mientras va vistiendo a la Virgen, va repasando junto a ella lo que ha sido su vida. Desde siempre llamó la atención su amaneramiento y enseguida le colgaron el sambenito de ser “el maricón del pueblo”. Con el apoyo incondicional de su madre (Gala Évora), y con un padre que era preferible no tener muy cerca, Alfredito desarrolló una vida como la de cualquier otro, con su despertar sexual, enamoramiento y desengaños.

Pilar Távora lleva al cine una historia que ya había llevado previamente al teatro basándose en la novela original de Santiago Escalante (que aparece en escena dando vida a La Titanlux). Para aquellos que no conozcan mucho la realidad de los pueblos andaluces, se sorprenderán mucho de lo que la película muestra. Aunque les pueda parecer una caricatura cruel, es bastante más acertado de lo que parece en la manera de hablar, en la manera de vestir y en cómo se integra el fervor religioso.
Se nota que se pretendía hacer un homenaje a las vidas tan complicadas de los injustamente llamados “mariquitas de la post-guerra” que siempre han sido objetos de burlas. Buenas intenciones pero muy pobres resultados, con un presupuesto paupérrimo y unas interpretaciones amateur.

Soy el primero al que le gustaría hablar bien de una película hecha en Andalucía, y más una historia para engrandecer a unas personas por las que siento mucha admiración (gracias a ellos se deben muchos de los derechos que la comunidad gay tiene hoy en día), pero por desgracia no es SOLAS (1999). Eso sí, la escena de las duchas en la mili seguro que os alegra el día.

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