23 nov 2011
Por Alejandro Contreras.
Una discusión entre dos adolescentes se recrudece cuando uno de ellos, Zachary Cowan (Elvis Polanski) coge un palo y golpea a Ethan Longstreet (Eliot Berger) en la cara. Zachary se marcha quedando el otro tirado en el suelo y sangrando delante de sus compañeros.
Este incidente no sólo le cuesta un par de dientes al agredido, sino que los padres de ambos concertan una reunión de conciliación para aclarar lo sucedido y redactar un documento en común para así dar carpetazo a este desagradable asunto.
El encuentro entre el matrimonio Cowan con los Longstreet es mucho más civilizado que lo han sido sus hijos. Todo se desarrolla de manera cordial y rebosando comprensión tanto por los padres de Zachary, Nancy (Kate Winslet) y Alan (Christoph Waltz), como por parte de los padres de Ethan, Penélope (Jodie Foster) y Michael (John C. Reilly) que habían ofrecido su residencia para ese encuentro.
Con los Cowan a punto de coger el ascensor, los Longstreet les invitan a que pasen de nuevo a su casa para tomar un café. A partir de ese momento toda la exquisita educación que habían mostrado hasta ese momento ambas partes comienza a degenerar hasta mostrar sus partes más salvajes.
Roman Polanski ha respetado tanto la obra teatral de Yasmina Reza que ha rodado toda su película en el interior de la residencia de los Longstreet. Tan sólo ha permitidoque la cámara salga de ella en los títulos de crédito del comienzo, donde plantea la chispa que dispara la trama, y en los del final, que guardan una pequeña moraleja. Y no es de extrañar ya que la propia Yasmina Reza trabajó junto a Roman Polanski para la adaptación cinematográfica de una obra teatral premiada con un Tony en Broadway y que en España fue representada por Maribel Verdú y Aitana Sánchez-Gijón. Y a pesar de respetar la misma localización teatral, Polanski utiliza mil y un enfoques distintos de cámara para ir mostrando la historia de una manera mucho más cinematográfica.
El resultado es una divertida comedia, que bien podría haber firmado Woody Allen, regada con elementos más dramáticos que se pasa en un suspiro. Y no sólo por lo ágil de los diálogos, sino por lo tacaño de la duración: llega a duras pena a la hora y cuarto de metraje. Con otro relato en tiempo real, tres personajes menos y con mucho menos espacio nos mantuvo Rodrigo Cortés quince minutos más que Polanski en BURIED (2010).
A través de estos cuatro personajes, que son fácilmente reconocibles por cualquiera, Yasmina Reza nos muestra una curiosa reflexión sobre nuestros días en el mundo occidental, con especial hincapié en lo distinto de lo que en principio mostramos de nosotros mismos y lo que realmente somos.
Roman Polanski ha conseguido rodearse de cuatro de los mejores actores que se acercan a sus personajes de maneras totalmente distintas: Jodie Foster a través de la emotividad y el histrionismo, John C. Reilly con simpleza y honestidad, Kate Winslet con un registro en principio muy comedido que va aflojando por minutos, y por últimoChristoph Waltz que dice más con sutilezas que con las palabras. Cuatro interpretaciones muy notables, aunque tal vez al ser ellas las que llevan el peso de la película, mientras ellos van interrumpiendo con sus llamadas o sus reflexiones, las que están más sobresalientes. Eso sí, para poder sacarle el mayor partido a esta película es imprescindible verla en versión original.
Aunque se quede un poco corta en duración, Roman Polanski nos ofrece una hora y cuarto de una película muy bien rodada, aún mejor interpretada y que además nos hará reflexionar en unos cuantos asuntos. Y esto es mucho más que lo que ofrecen la mayoría de títulos que se estrenan cada semana.
Aunque se quede un poco corta en duración, Roman Polanski nos ofrece una hora y cuarto de una película muy bien rodada, aún mejor interpretada y que además nos hará reflexionar en unos cuantos asuntos. Y esto es mucho más que lo que ofrecen la mayoría de títulos que se estrenan cada semana.
Labels: CARNAGE (2011)
17 nov 2011
Por Alejandro Contreras.
Lo que a priori parecía que podría ser “la película sobre la gripe A” no lo es. El guionista Scott Z. Burns establece como punto de partida de su guión la situación actual donde la humanidad ya ha sufrido los azotes no sólo de la gripe A, sino también del SARS, de la gripe porcina y tantas otras posibles pandemias que han puesto en jaque a la población mundial.
Es en ese punto donde comienzan a encadenarse una serie de muertes con los mismos síntomas y que se contagia a una velocidad tan alta que todo apunta a que hay un nuevo virus letal al que habrá que hacer frente.
Muy interesante punto de vista para hacer una reflexión sobre lo vulnerable que somos ante amenazas como éstas. En un mundo avanzado tecnológicamente, donde la sociedad ha conseguido muchos logros sociales, algo en principio tan insignificante como una infección microscópica es capaz no solo de acabar con muchas vidas sino también convertir la de los supervivientes en todo un infierno. Con este guión en manos de Steven Soderbergh vuelve a un planteamiento similar al de TRAFFIC (2000), sin lugar a dudas una de sus mejores películas, mostrándonos varios trazos de cómo, en este caso cambiando el tráfico de la droga por una pandemia mundial, va afectando a diferentes personas: científicos, políticos, periodistas, sociedad civil, etc.
Si ya el punto de partida era interesante, contar con un reparto tan impresionante como el que forma con actores de primera fila como Kate Winslet, Matt Damon, Laurence Fishburne, Marion Cotillard, John Hawkes, Jennifer Ehle, Jude Law o Gwyneth Paltrow ya termina por hacerla una de las películas más atractivas de la temporada.
Con todos los pros y contras que tiene estas películas tan cargadas de personajes y de historias cruzadas, a Steven Soderbergh hay que felicitarle por una primera parte de la película donde plantea la situación a muy buen ritmo dejando al espectador pegado a la pantalla.
Todo lo conseguido en esa primera parte termina perdiéndose en la segunda parte donde la acción se ralentiza y los interesantes interrogantes de esa primera parte terminan desembocando en un desarrollo típico de esas películas de catástrofes. Aún así en el desenlace final la historia resucita y nos deja un muy buen sabor de boca.
Sin profundizar en casi nada, CONTAGION (2011) aprovecha para dar pinceladas de temas tan actuales como la lucha entre el periodismo online con el de papel de toda la vida, la manipulación de los gobiernos, la intoxicación informativa o los abusos de las farmaceúticas. La acción se localiza no sólo en Estados Unidos (Los Ángeles, San Francisco, Atlanta, Chicago), como acostumbran las películas sobre amenazas a nivel mundial, sino también en Hong Kong, donde convive la pobreza más extrema con las empresas más tecnológicas del planeta, Londres, Sao Paulo, Dubai y Ginebra.
Y en estos escenarios veremos multitud de personajes, algunos más prescindibles que otros, y todos ellos muy bien interpretados por un reparto de lujo. Eso sí, no hay ninguna actuación tan sobresaliente como la que ofreció Benicio del Toro en TRAFFIC (2000).Como curiosidad comentar que esta película ha conseguido reunir casi 12 años después a los tres protagonistas de THE TALENTED MR. RIPLEY (1999).
CONTAGION (2011) nos devuelve al mejor Steven Soderbergh, algo perdido últimamente, a un cine inteligente, necesario y bastante realista. No sales del cine obsesionado con lavarte las manos a cada instante para evitar contagiarte de un virus, pero sí con la impresión de que este mundo tan imponente que nos hemos creado se puede destruir muy fácilmente.
Labels: CONTAGION (2011)
8 nov 2011
Por Alejandro Contreras.
La exitosa carrera en el mundo del cortometraje de Eduardo Chapero-Jackson, con más de 150 premios e incluso llegó con Alumbramiento (2007) a las puertas de una nominación a los Oscars 2009, ponían mucha presión en el salto al largometraje de este cineasta. Todo parecía presagiar que se estrenaría en el 2010, pero el trabajo de post-producción superó lo esperado y no iba a entrar en los plazos para los Goyas 2011, así que Telecinco Cinemas prefirió reservarse esta película para la siguiente temporada alta del cine español, el otoño del 2011.
Muchas expectativas en una propuesta bastante arriesgada. Un largometraje que mezclaba animación con cine convencional, donde algún personaje hablaba en verso, y donde todo el protagonismo se lo llevaba una actriz debutante. Pero quién haya seguido la trayectoria de Chapero-Jackson sabe que el riesgo es una de sus constantes, y es de agradecer que entre tanto director puramente eficaz haya alguien con ganas de contar otras historias y de otra manera.
Verbo (2011) no es más que una fábula moderna donde su director y guionista ha querido señalar un peligroso enemigo: “el punto ciego de la inercia de la normalidad”. La protagonista Sara (Alba García) no es una chica que surge de un eterno marginal, ni tiene grandes traumas que asumir, ni nada de eso. Tan sólo vive en una zona macro residencial de grandes bloques tan funcionales como insípidos que crean un lugar donde no hay espacio para la belleza. Sin saber porqué no encaja en esa vida que sus padres le ofrecen gracias a ser dos personas esclavizados por sus trabajos, encuentra una serie de señales que despiertan su curiosidad. Comenzará a transitar una senda que le llevará a plantear aspectos esenciales de su vida.
Es inevitable recordar otras películas del cine norteamericano con similitudes a los que nos plantea Chapero-Jackson. Ante la falta de medios con los que competir, Verbo (2011) sustituye la grandiosidad visual que ofrecen títulos como Matrix (1999) por otros recursos más sencillos pero tan interesantes como esa pelea verbal (que a muchos nos recordaba al famoso video-juego que iniciaba la saga Monkey Island) o una carrera huyendo de una oscuridad tan letal como la “nada” de La historia interminable (1984). En el fondo un alegato por la individualidad, por tratar de distinguirte de la manada, de tener espíritu crítico.
Todas estas buenas intenciones se han tratado de llevar a la película con menos fortuna de lo deseado. Cuesta mucho entender la situación desesperada de Sara en ese cárcel de ladrillos donde vive, y más cuesta entender cómo su personaje puede ir cambiando y evolucionando a través de unas pruebas que tampoco son tan educativas. La película falla en su punto más importante que es en la columna vertebral de la película, su guión.
Todos los elementos complementarios a la historia, como los graffitis, el mundo paralelo, los saltos de animación y realidad, los versos de Liriko (Miguel Ángel Silvestre), etc., que podrían chirriar en el espectador se asume con total naturalidad. Pero eso sí, el espectador se va saliendo de la película al no entender muy bien como una realidad afecta a la otra, como Sara pasa de ser una chica bloqueada y de habla tímida a convertirse en justo lo contrario. Y el ritmo desigual, que tal vez en una novela o en un cómic funcionaría estupendamente, en la gran pantalla termina aburriendo. Todo eso lleva a que el resultado sea fallido y una película que difícilmente se recomendaría a otra persona para ver.
Un protagonismo excesivo del personaje de Alba García termina reduciendo el resto de personajes a comparsas de la protagonista. Uno se queda con ganas de más de los personajes de Najwa Nimri,Verónica Echegui, Víctor Clavijo y de Nasser Saleh, incluso de escuchar un par de frases de Macarena Gómez o Adam Jezierski. Y aunque Alba García no lo hace mal, tampoco lo hace tan bien como para justificar tanta presencia. Curiosamente rescata a un intérprete de sus tres cortometrajes: a Macarena Gómez de Contracuerpo (2005), aManolo Solo de Alumbramiento (2007) y a Miguel Ángel Silvestre de The End (2008). Éste último esta particularmente brillante con un personaje que le viene como anillo al dedo y donde su palabra importa más que su físico.
En sus tres cortometrajes, que fundió en una trilogía de nombre A contraluz, podíamos apreciar como Chapero-Jackson se movía en géneros tan diversos como el fantástico o el western, dejando espacio para hablar de los trastornos alimenticios, el suicidio asistido o la escasez del agua. Con ese bagaje no sorprende que en Verbo (2011)haya un hueco para recordarnos un problema tan preocupante como el de los suicidios adolescentes. Es una lástima que que esta propuesta no termine de funcionar, pero es muy de agradecer contar con un director como Chapero-Jackson, que ya está trabajando en un nuevo proyecto que estoy deseando ver.
Labels: VERBO (2011)
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