10 mar 2012



Por Alejandro Contreras.

Desde su estreno mundial en el pasado Festival de Venecia, SHAME (2011) sonaba como uno de los platos fuertes de la temporada. Premiada con el CinemAvvenire y el FIPRESCI a la mejor película, además de conseguir la copa Volpi para su protagonista, Michael Fassbender, se comenzaba a tejer la leyenda que envolvía esta película.

Después vino su paso por festivales tan prestigiosos como los de Toronto, Nueva York, Londres y Denver, sin olvidar de Festival de Cine Europeo SEFF'11 que premió tanto al director Steve McQueen como a Michael Fassbender con sendos Giraldillos. Todo hacía presagiar que sería una de las películas de los Oscars 2012, cosa que finalmente no se produjo. 
















Antes de llegar a este momento hay que remontarse al 2008. En el Festival de Cannes de ese año se estrenaba el primer largometraje del londinense Steve McQueen, que coincidía con el nombre de la gran estrella de Hollywood aunque sus aspectos no pueden ser más dispares. HUNGER (2008) estaba basada en hechos reales, más concretamente en lo que pasó en 1981 en una cárcel del norte de Irlanda. Consiguió el prestigioso galardón Cámera d'Or que se otorgan a operas primas en Cannes, además de dos nominaciones a los BAFTA británicos, una de ellas a mejor película que no se materializó, y la otra al mejor cineasta promesa del año que consiguió su director y guionista Steve McQueen. 

Protagonizada por un Michael Fassbender que puso toda la carne en el asador en su interpretación y también en la parte más física, porque ya en esos entonces no le importaba lo más mínimo mostrarse desnudo frontalmente. Steve McQueen no tenía ninguna duda de que el protagonista de su segunda película sería el mismo que dio vida al preso irlandés Bobby Sands, el que lideraba una huelga de hambre dentro de la prisión de HUNGER (2008).
















Steve McQueen se puso manos a la obra del guión junto a Abi Morgan, del que recientemente hemos podido ver otro de sus últimos guiones en pantalla. Me refiero a THE IRON LADY (2011). Juntos confecciona la historia de Brandon (Michael Fassbender), un hombre que si bien no es exactamente un adicto al sexo, aunque le dedique prácticamente todo el día a este asunto. No han querido retratar a un verdadero enfermo, sino a alguien que bien podría ser cualquier de nosotros y que lleva al límite mucho de los malos hábitos que empiezan a multiplicarse en esta generación. Probablemente ese es el punto más interesante de la historia, como de alguna manera nos obliga a ver una parte de nosotros que no nos apetece mirar.























En las primeras escenas ya aparecen desnudos sus protagonistas para que el espectador una vez comprobado el gran miembro viril que luce Michael Fassbender pueda relajarse y seguir la historia. En cambio su compañeraCarey Mulligan ofrece un desnudo en la ducha tan crudo que no es ni estético. Esa honestidad y esa crudeza es una seña de identidad de la película y de los personajes que nos ofrece.

Carey Mulligan está irreconocible si la comparamos con su personaje de An education (2009), pero no podían haber elegido a nadie mejor para ese papel. Tres cuartos de lo mismo para un Michael Fassbender que ha encontrado un personaje a su medida y que le permite ofrecer la que es sin duda la mejor y más impresionante interpretación de su carrera. Le va a costar mucho conseguir superarlo, y aunque para el gran público siga siendoMagneto, mucho me temo que los pocos que hayan ido a verle en Shame (2011) no van a poder olvidarle.















Steve McQueen se muestra como un director brillante, con escenas tan sorprendentes como las del coqueteo en el metro, o la de los encuentros sexuales en el hotel de las grandes ventanas. El desarrollo de los personajes y lo original y auténtico queda un poco estropeado con algunos pasajes más convencionales y por un final algo decepcionante. No estoy yo en la misma línea de los que ven piensan que SHAME (2011) es una gran obra maestra, pero si en aquellos que opinan que es una de las mejores películas del 2011 y de las que cualquier cinéfilo de pro debe ver. Y no sólo por el mediático miembro viril de Fassbender.

3 feb 2012



Por Alejandro Contreras.

Hay muchos espectadores que les da pereza tanto ver una película española sobre la guerra civil, o la posguerra, como una película norteamericana sobre la segunda guerra mundial. Lo sorprendente es encontrarse una propuesta española basada en la segunda guerra mundial, y más si está enfocada en la participación española en este conflicto a pesar de que oficialmente su postura fue neutral.



El escritor Ignacio del Valle ha situado la trama de su novela El tiempo de los emperadores extraños en las entrañas de la División Azul (la 250. Einheit spanischer Freiwilliger de la Wehrmacht ), unidad de voluntarios españoles que entre 1941 y 1943 estuvo reforzando al ejército alemán en su lucha contra la Unión Soviética. El reto de llevar esta novela al cine no está sólo en adaptar el extenso texto a un guión cinematográfico, tarea encomendada a Nicolás Saad habitual colaborador de Gerardo Herrero, sino en conseguir plasmar en pantalla un retrato fidedigno de ese momento y sobre todo del mosaico tan variado de personas que coexistían en la División Azul.



Ni un pero al excelente trabajo de fotografía y de dirección artística. Los escenarios naturales elegidos, incluso el edificio principal, sumados a elementos de la época como los tanques, el vestuario, los enseres… todo está perfectamente recreado. Todo un acierto rodar en Lituania donde el frio necesario para la trama se siente desde la brutal escena con la que arranca la película.



Más difícil era reflejar en pantalla como en la División Azul se mezclaban gente de todo tipo, de muy distintas ideologías políticas y aún con motivaciones más dispares para estar allí. La película evita el explicar todo esto por el bien del ritmo de la película, pero para el espectador que desconozca un poco todo esto (en especial para un público fuera de España) le puede costar seguirlo y entender algunos detalles.



Pero la División Azul es tan sólo el contexto para una trama de misterio clásica. Eso sí, un contexto inmejorable ya que proporciona multitud de frentes por donde puede desarrollarse la resolución de la historia. Al comprimir un texto de más 400 páginas en una película de casi dos horas, muchos elementos superfluos han tenido que ser sacrificados. Esta poda simplifica la historia que termina resolviéndose todos los nudos abiertos de manera eficaz pero también algo atropellada. Se agradece que algunos elementos tan narrativos como los cuatro versos de esa oración antigua, “Mira que te mira Dios / Mira que te está mirando / Mira que te has de morir / Mira que no sabes cuándo”, además de ser cruciales en la trama permiten dotarle a la película de una columna vertebral muy de agradecer.



Un acierto contar con Carmelo Gómez como el Sargento Espinosa y con Juan Diego Botto como el soldado raso Arturo Andrade.  Si el primero es charlatán, intuitivo y directo, el segundo es callado, reflexivo y prudente. Sus diferencias se hacen más patentes al estar uno en frente del otro, pero en ningún momento supone una distancia entre ellos, ya que enseguida conectan y parecen que siempre hubiera trabajado juntos. Se echa de menos que les hubiera costado un poco más amoldar sus diferencias y ganarse la confianza, más si cabe cuando un grado inferior es quien lidera la investigación. Esa parte chirría un poco.

Muy al contrario de LA VOZ DORMIDA (2011) de Benito Zambrano, donde las mujeres llevaban el peso de la historia y el relato estaba cargado de emotividad y sentimientos, Gerardo Herrero ha rodado una película de aplastante mayoría masculina donde la acción se nos presenta con cierta frialdad, y a pesar de los algunos horrores, aspecto hay espacio para las emociones.



Lo mejor de SILENCIO EN LA NIEVE (2011) es que es un soplo de aire fresco para una temporada del cine español bastante mediocre, y donde hay poco riesgo en las propuestas. Lástima que los planes de los distribuidores de estrenar in-extremis para ser considerada en los Goya 2012, no ha conseguido todas las nominaciones que se merece y le cueste hacerse un hueco en la taquilla. Una película más que recomendable para aquellos que empezábamos a perder la fe con el cine español.



31 ene 2012



Por Alejandro Contreras.


Fue el último estreno del cine español del año, y una clara apuesta por reventar las taquillas con un producto que mezclaba algunos de los elementos más apreciados por el público más joven: estrellas televisivas de las series de moda, cine de terror adolescente y el tan discutido 3D. Los de Antena 3 Films sabían antes de estrenar XP3D (2011) que tenían entre manos un producto de vocación puramente comercial y sin ninguna expectativa para conseguir la aprobación de la crítica ni para ser elegida para los Goya u otro premio cinematográfico.



Era difícil superar los casi 20 millones de euros recaudados por TORRENTE IV: LETHAL CRISIS (2011), pero al menos esperaban conseguir un resultado parecido a FUGA DE CEREBROS 2 (2011), alrededor de los 5 millones de euros, y más con el suplemento del 3D. Pero ni por esas.

Después de un mes, donde apenas sobrevive en algunas salas, su recaudación apenas llega a los 2 millones de euros. Parece que el público español que antaño acudía en masas para producciones de corte parecido, como MENTIRAS Y GORDAS (2009) o TRES METROS SOBRE EL CIELO (2010), está exigiendo algo más.



XP3D (2011) es el primer largometraje de Sergi Vizcaíno que tras unos cuantos cortometrajes de terror dirige una historia a medio camino entre el cine de “experiencias paranormales” y cualquier “slasher” del tipo SCREAM (1996), donde el psicópata de turno se encarga en ir asesinando brutalmente a adolescentes. El guión de Daniel Padro trata de sorprender con su mezcla de elementos de ambos subgéneros del cine de terror, pero este peculiar gazpacho se nos ofrece con muy mal aspecto y con peor sabor aún. A la historia le cuesta muchísimo arrancar para resolverse de manera bastante burda y atropellada, hasta un final que pone los pelos de punta por dejar la puerta abierta a una secuela que podría ser aún peor que ésta.



Los actores tienen que defender unos personajes que cumplen los estereotipos clásicos: la guapa pseudo-lista (Amaia Salamanca), el guapo salidorro (Luis Fernández), el guapo romántico (Maxi Iglesias), la pija borde (Úrsula Corberó) y el friki melenudo (Óscar Sinela). Si le sumamos unos diálogos muy pocos trabajados, unas reacciones y comportamientos inverosímiles y unas interpretaciones infumables, estas estrellas de la televisión terminan por hundir el barco. Ni la gran voz de Miguel Ángel Jenner en la escena inicial, ni los esfuerzos deAlba Ribas durante todo el metraje consiguen levantar este desaguisado. Y eso que lo intentan con algunos efectos gore o con alguna escena de corte sexual, pero ni por esas.



En uno de los mejores momentos del terror español, Sergi Vizcaíno es el responsable de un subproducto que nos recuerda más a épocas pasadas con un aire más parecido a las producciones de Paul Naschy que a Jaume Balagueró. Esperemos que el estreno de [•REC]³ GENESIS (2012) de Paco Plaza consiga borrar el mal recuerdo de XP3D (2011).


 

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